
Fotograma 61:
"Su vecino amigable, el Hombre Araña"
Qué rico es ir a un paraje donde la internet, el teléfono o los celulares, parecen haberse enredado entre tanto follaje y espesura arbórea, convirtiendo a estos verdaderos santuarios del descanso en una suerte de realidades paralelas o alternas, cuya atmósfera te convence a través de aromas, sensaciones y reflexiones a dar un paseo de vuelta a lo básico y hermoso de la vida: La simpleza.
"Mirar todo como por primera vez", dijo en alguna ocasión algún docente perdido en esa infinita bóveda llamada memoria ... y vaya que tenía razón. Sin duda, la capacidad de asombrarse por aquello que nos circunda va directamente tomada de la mano de nuestras ganas de atreverse a mirar las cosas desde otro ángulo ... uno nuevo, desconocido, motivante y revelador.
La vida trabaja de la misma manera. Situarnos en un punto o en otro para analizar y revisar una situación depende muchas veces de nuestras ganas de querer ver más allá de nuestras arraigadas y tozudas maneras de ver la realidad ... no es fácil el ejercicio, pero una vez alcanzado, nos entregarán herramientas que pocos poseen, y que muchos jamás siquiera llegarán a sospechar de su existencia: La autocrítica y la tolerancia.
No propongo una racionalización de nuestras emociones, mas sí una búsqueda de un equilibrio que nos evite transformarnos en máquinas de sangre, que sólo combustionan a través de las vísceras, sin permitirnos el lujo de volvernos tan fríos como el más vil de los conspiradores.
No permitamos que nuestro ego y una mal entendida soberbia nos atrape dentro de una gran telaraña, que los años se encargarán de fortalecer y hacer más difícil de zafarnos. No nos convirtamos en unas verdaderas barredoras que ven en la más mínima disensión, el ataque más profundo y desleal que puedan recibir en un órgano vital para muchos, inexistente para otros y relativo para algunos ... el orgullo.


















